Nuevo golpe fujimorista 25 años después

Noviembre del 2017 será recordado no sólo por el terrible golpe que significó no contar con Paolo Guerrero como conductor de la selección peruana en los partidos de repechaje para acceder al Mundial de Rusia del próximo año, sino también por el resurgimiento del golpismo institucional contra el país, asociado nuevamente al fujimorismo, como cuando hace 25 años el hoy encarcelado líder de esa agrupación disolvió el Congreso y comenzó a corromper a todo el que tuvo delante para asegurar sucesivas reelecciones que le permitieran saquear nuestra patria junto a Vladimiro Montesinos.

keiko golpista

Hace 17 años, también en noviembre, tras la fuga y renuncia de Fujimori desde Brunei, el Congreso de la República ungió como Presidente Transitorio a Valentín Paniagua, que estableció las normas para restaurar la democracia en el Perú. Unos meses después, en julio del 2001, entregó la banda presidencial a Alejandro Toledo, elegido en los comicios de ese año. Hoy Fujimori está preso y Toledo prófugo.

Sin embargo, los escándalos de corrupción de nuestros políticos no se han desvanecido, y la hija del dictador sentenciado  es ahora la protagonista de una nueva amenaza contra el orden jurídico e institucional del país. Por lavado de activos y sobornos desde las campañas electorales en que participaron, está preso el ex presidente Ollanta Humala, y es investigado el ex mandatario Alan García Pérez, como muchos de sus colaboradores. La ex candidata presidencial fujimorista teme terminar en una celda junto a Nadine Heredia, y ha comenzado a mover sus fichas para evitar que eso ocurra.

En poco menos de una semana, ella y sus voceros la han emprendido contra el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional y otro Ministro del Gabinete de Pedro Pablo Kuzcynski. La Fiscalía de la Nación desestimó el archivamiento de las investigaciones contra Fuerza Popular a la que se sindica de ser una organización criminal dirigida por ella, y contra Joaquín Ramirez, ex secretario general de ese partido, y ex financista de la campaña electoral, al que la DEA también puso la puntería.

Las amenazas contra el Fiscal de la Nación recibieron una valiente respuesta de éste y del pleno de la Junta de Fiscales. Juristas de todo el país señalaron que si debe investigarse a FP no es dable que se amenace con destituciones congresales, pues el Parlamento no tiene entre sus funciones evaluar la eficacia del Ministerio Público.

El Tribunal Constitucional también pretende ser copado, sacando a los magistrados independientes que ahora hay en él. Exactamente como ocurrió durante el gobierno de Alberto Fujimori. Las reformas electorales que viene aprobando el Congreso para evitar que se conozca el origen del financiamiento de las campañas podrían ser denunciadas como inconstitucionales, y el fujimorismo busca curarse en salud, teniendo como aliados a los futuros miembros del TC, que pretende imponer.

Por otro lado, tras haber vacado al Gabinete Zavala, y estando en jaque, pues un nuevo baloteo del Consejo de Ministros acarrearía su disolución, el Congreso mayoritariamente naranja busca ir minando a titulares de los portafolios, acusándolos de cualquier tontería, desestabilizando así la marcha del Ejecutivo. Carlos Basombrío, Ministro del Interior, podrá no ser muy eficiente en la lucha contra la delincuencia, aunque algunos tímidos avances hay, pero pretender decir que es ideólogo del terrorismo, es un absurdo total.

El esquema golpista del fujimorismo se completa con la terca andanada contra el Jefe de Estado, a quien quieren llevar de grado o fuerza a declarar ante una Comisión Investigadora del Congreso para que responda por sus supuestas vinculaciones con Odebretch, cuando su propia lideresa está en las agendas de los mandamases de la empresa brasileña. Si PPK es culpable de inconductas morales y legales durante su gestión como Premier de Toledo, hay canales constitucionales para apercibirlo, sin dañar la majestad de su investidura como presidente de todos los peruanos.

En estas circunstancias, mal haría Kuczynski en mostrar más debilidad de la que ya viene evidenciando. Un indulto a Fujimori en estos momentos no parará la obcecada estrategia fujimorista de vacarlo por todos los medios para hacerse con el poder, a  la buena o a la mala.

El mandatario debe darse cuenta que a Keiko Fujimori no le interesa la libertad de su padre, pues jamás solicitó oficialmente la gracia, como no le interesó en su momento su madre, cuyo cargo de Primera Dama usurpó, ni tiene miramientos con su hermano, el congresista más votado de su bancada, a quien ha sometido a disciplina, y está a un paso de expulsarlo de sus filas por exhibir puntos de vista contrarios a los suyos, aún cuando sean solo para las tribunas.

La entraña del fujimorismo es anti democrática, corrupta, egoísta  (no le importa si se perjudican 100 mil peruanos con un proyecto beneficioso, lo que interesa es que el gobierno no exhiba logros), y  se nutre de voceros cada cual más impresentable y metido en mil y un chanchullos lumpenescos. Saben que están arrinconados, que la justicia tarda pero llega, y que a la legal no ganarán ya una elección, así que han decidido patear el tablero, como hace 25 años hizo Alberto Fujimori, y conquistar el poder a la mala para sus fines. Ojo con ellos.

 

 

 

 

 

 

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LOS “LIKES” EN LAS REDES Y EL PANORAMA POLITICO

Los memes “mala leche” en que se recuerda al actor Salvador del Solar encarnando al mojigato soldado Pantaleón Pantoja, enchuchado hasta los tuétanos de la prostituta colombiana que interpretaba Angie Cepeda, en una película de Lombardi basada en una novela exitosa de Vargas Llosa, hace más de dos décadas, no se hicieron esperar, una vez se conoció su designación como nuevo Ministro de Cultura.

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Y es que la repulsa de las redes es así. No se para a meditar muchas veces, arrasa con todo por moda y tendencia. Y es por eso que han tenido tanto éxito las marchas contra Keiko Fujimori, la de los “pulpines” que se tiró abajo una controvertida ley laboral en el gobierno anterior, y la orientada a protestar contra la violencia femenina con el logo de “Ni una Menos”.

Ese mismo rumor mediático que va tomando cuerpo a más “likes”, es el mismo que puso el grito en el cielo cuando el cantante Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura, y ojo, es el mismo que ocasionó la tragedia de Huaycán, donde la gente se desbordó atacando una comisaría porque se decía que habían detenido ahí a un presunto asesino de niños que traficaba con sus órganos.

Así es nuestro país. Lo que un día es blanco al otro día es negro. Y ambas visiones están bien y consiguen muchos “me gusta” en las redes. Si no, no se explica como el fujimorismo, después de todo lo que robó, asesinó, y destruyó las instituciones democráticas, tenga ahora mayoría parlamentaria y sancione el transfuguismo que ellos mismos inventaron a cambio de unos buenos fajos de billetes en la salita del Servicio de Inteligencia.

La designación de Del Solar (al parecer calificado académicamente para el puesto) es un genial golpe de efecto del gobierno de PPK al margen de la grita desorbitada de quienes ya nos tienen acostumbrados a sus desopilantes declaraciones, como el congresista naranja Héctor Becerril, líder de su tribuna en contra, pues no se le perdona sus anteriores declaraciones de crítica a Joaquín Ramírez y Chlimper, los hombres fuertes de la fallida campaña de Keiko Fujimori este año.

Del Solar entra a refrescar un gabinete contra las cuerdas por el affaire del ex titular de Defensa Mariano González, renunciado por contratar a su pareja sentimental en su despacho, con un sueldo principesco. Y el puesto de éste lo asume, el anterior titular del portafolio de Cultura, Jorge Nieto Montesinos. Los prejuicios contra el actor, que tiene sendos diplomas académicos y ha demostrado su interés por la promoción cultural más allá de sus performances en la pantalla, están fuera de lugar. Habrá que ver su gestión.

Pero las crisis no acaban ahí. La amenaza del vocero fujimorista Luis Galarreta, apuntando a sus adversarios con los garfios que hacen las veces de sus manos, en el sentido que el gobierno “debe ir buscando 18 nuevos Ministros” si se hace cuestión de confianza en el gabinete una eventual censura del Ministro de Educación, Jaime Saavedra, (otra de las piñatas de la mayoría parlamentaria que ve en él un escollo para poder tumbarse la Ley Universitaria y poder controlar a su antojo los gobiernos en las altas casas de estudios).

Si Saavedra es censurado en la interpelación, el gobierno podría retrucar pidiendo que se vote una moción de confianza a todo el Consejo de Ministros, una nueva investidura legislativa. Y de no darse, caería el Gabinete Zavala. Carlos Bruce, vocero de la bancada oficialista, devolvió el golpe a Galarreta, señalando que sería bueno que el fujimorismo “se busque también otros 72 congresistas”, en alusión que el régimen podría verse obligado a cerrar el Parlamento y convocar nuevas elecciones para él.

Así las cosas, el panorama está enrarecido al máximo. Haría bien el gobierno quizás en desprenderse de Saavedra antes que la sangre llegue al río. No sabemos si tiene responsabilidad en el mal uso de los fondos aprobados para que el Comité Olímpico Peruano organice los Juegos Panamericanos, o en las compras de su sector beneficiando a personas allegadas a funcionarios nombrados por él. Pero pensamos que ya estuvo bastante tiempo en el portafolio (viene desde el gobierno de Humala) y  dar un paso al costado no siempre es muestra de debilidad y fracaso, sino que a veces puede ser una movida inteligente.

Y lo mismo se puede decir del Ministro del Interior, Carlos Basombrío. El incendio donde murieron jóvenes bomberos, lo que pasó en Huaycán, y sobre todo sus patinadas en el caso del siniestro de Larcomar, donde orientado por los empresarios que buscan salvar su responsabilidad, hasta había divulgado el rostro de un ciudadano ajeno a la tragedia y ofrecido una recompensa por él, le han aguado el romance con los dígitos de aprobación.

Dejar a los adversarios sin argumentos para seguir boicoteando la gestión no siempre es enzarzarse en una pelea a muerte con ellos, sino que en ocasiones es atender el clamor ciudadano, ese que a veces se expresa en los “likes” acertadamente y no como producto de un arrebato hepático.

A Del Solar y Nieto se les debe dar el beneficio de la duda, en vista que el régimen aún no cumple medio año. Eso es de demócratas y caballeros. Y en el caso de Saavedra y Basombrío, si los pulgares del soberano están abajo, no es saludable terquear, pues el resultado podría ser una crisis aún mayor que atente contra nuestra aún frágil, endeble democracia.

El Odio, la tonta excusa del fujimorismo

Lo han convertido en verdad de Perogrullo, han acuñado el slogan perfecto para pretender salir indemnes de toda acusación de corrupción que se les endilgue. Como en las épocas de sus grandes farras, con Borobio y el “Panda” Carlos Raffo, los fujimoristas contestan a todo el mundo con una paporreta aprendida de memoria, cual los chicos que suben a los micros a vendernos caramelos, apelando a una enfermedad, a un pasado delincuencial ligado a las drogas de las que ya se redimieron, o a un hogar disfuncional donde el padre es alcohólico y maltratador, y la madre está muerta, grave, o hace la calle y también es una bruja.

keiko fea

“Pobrecito (a)” dice conmovido el pasajero y suelta sus 50 centavos, un sol o más, sin percatarse que están moviendo la maquinaria de todo un tinglado comercial lucrativo, que amasa miles de soles al día, explotando a esos niños o adolescentes, o le están dando recursos a un fumón de siete suelas para su vicio.

El fujimorismo es igualito. Se victimiza… ¿con qué noble propósito? Volvernos a gobernar, pues. Volver a poner sus manos en las arcas del Estado y convertirlas en su botín. Y cuando se les recuerda su pasado de corrupción, sus vínculos (hasta ahora) con el narcotráfico y el lavado de activos, sus componendas para perpetuarse en el poder, su descarado desparpajo para negar en nuestra propia cara sus crímenes y delitos, sueltan la aprendida, memorizada frase, como autómatas con excusa genial: “Lo que pasa es que tú estás lleno de odio, odias a Fujimori, odias a Keiko, a Kenyi, a Martha Chávez, al color naranja”, y un poco más también te dicen que detestas las jugosas frutas de huando o a la selección holandesa de fútbol.

Todo el que no reconoce, a las buenas o bajo insultos de trolls bien entrenados en las redes sociales, las “maravillas” del decenio fujimorista, y lo sacrificada que es la hija del pobre reo para querer culminar su gesta en bien del país, y por eso terquea y terquea la Presidencia, es una persona llena de odio, de “sed de venganza”, cuando no un “caviar” que pregona en favor de los derechos humanos pero quiere ver liberados a los terroristas.  Esa monserga ya tiene casi dos décadas y aún hay gente que ciega de amor, como los cornudos que son los últimos en enterarse, creen en ella.

Es increíble como personas con tres, cuatro dedos de frente, por su inteligencia en varios otros aspectos de la vida, con quienes me unen vínculos de honesta amistad sincera desde hace muchos años, no pueden debatir conmigo sobre las denuncias de  los Fujimori Boys y sus adláteres, sin esgrimir intentos de soslayar lo evidente, y sin ni una sola peregrina idea de pensar en recapacitar sobre lo que harán este 5 de junio. No. Todo se resume a decirme que estoy lleno de odio.

En ese plan, debo ser más odioso que Darth Vader, que Freddy Kruger, que Laura Bozzo, que Gargamen, y pronto seré excomulgado por el  Higado de Marita. Antes me daba cólera, ahora sonrío con pena porque puede que este país necesite otro sacudón de sus conciencias tras 20 años. Si, pensándolo fríamente,  gana Keiko ¿dejaran de robar? ¿Ya no habrá violaciones de DDHH?, ¿lograran un milagro económico estando como están las finanzas globales? ¿No aprovecharan su mayoría parlamentaria para copar instituciones, y así antidemocráticamente volver a querer perpetuarse? ¿No perseguirán a sus opositores?; ¿De buenas a primeras se convertirán en todo lo contrario que siempre han sido? ¿Se quedarán  en la cárcel Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y el centenar de otros delincuentes que antes fueron gobierno y que ahora habitan prisiones? ¿Ya no habrá aviones, almacenes, locales vinculados al fujimorismo llenos de droga? ¿Irán presos como debería ser Cecilia Chacón, Joaquin Ramírez y su primo Miguel, socio de Kenyi….o el mismo hermanísimo? ¿No tendremos más congresistas como Gagó que contrataba con el Estado estando prohibido de hacerlo, o como aquel que regenta un burdel de niñas en la Selva?

No pues, es una utopía…Sé que se me satanizará por lo que voy a decir, pero es una reflexión en voz alta: quizás la única manera que haya de acabar para siempre con el fujimorismo como opción electoral será, si ganan, observar como despedazan nuestro país nuevamente como si fuera su botín, lo mandan a la mismísima mierda, y nosotros estar dispuestos a sufrir cientos de vejámenes denunciándolos en todos los foros posibles, aunque nos traten como Maduro trata a Capriles, pero con la seguridad que en el 2021 ya no habrá un Fujimori como candidato.

Si PPK les gana el domingo 5, sin posibilidades de articular una mayoría congresal que le permita estabilidad y gobernabilidad, en el 2021 tendremos otra vez la angustia de una Keiko candidata de 45 años, o peor aún, un Kenyi, y postulantes jóvenes que han ido apareciendo como una nueva esperanza, tipo Julio Guzmán o Veronika Mendoza, deberán volver a enfrentar a ese monstruo de psicosociales malévolos que buscarán tumbárselos, con el apoyo incondicional del alanismo que siempre se las arreglará para meter a su gente en los organismos electorales y el Poder Judicial.

Yo no votaré por ella, es sólo una reflexión. Un ejercicio maquiavélico, en caso las balotas la den como triunfadora. A estar alertas. A veces para deshacerse de una fiera no basta huir de ella, hay que atraerla hacia donde está su interés, para así destruirla en virtud a sus propios apetitos. Y no es odio, amigos y amigas fujimoristas. Es solo instinto de supervivencia, sentido moral, repulsión al latrocinio y al asesinato sólo porque se está en el poder.

5 de abril: 23 años después

En 1990, el hijo de inmigrantes japoneses Alberto Fujimori llegó al poder derrotando al candidato que partía favorito, el escritor Mario Vargas Llosa, debido a que supo capitalizar la “ayudadita” que le dio el APRA con su spot televisivo en que se mostraba el apocalipsis que sería para el país la aplicación de un “shock” económico que nos sacara de la hiperinflación que se heredaba del régimen de Alan García.

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Su mensaje era tan esperanzador como mentiroso. Marketeándose como un humilde docente universitario, como un chinito de la esquina que sabía conducir tractores y arar la tierra, repitiendo en pésimo español en cuanto mitin le organizaban los antiderechistas su monserga de “Honladez, tecnología y tlabajo”, Fujimori alcanzó el sillón de Pizarro para convertirse desde él en un dictador obsecuente, en un violador de los derechos humanos hasta de su propia esposa, y en uno de los Jefes de Estado más corruptos de la historia de la humanidad.

No se puede negar que aplicó medidas necesarias para rescatar la economía del país de la debacle desastrosa en que la había dejado el alanismo, y que de alguna manera supervisó el eficiente trabajo de inteligencia policial que iba dando resultados con capturas de mandos importantes del terrorismo, mientras que algunas de sus propuestas eran petardeadas desde el Congreso, pues había perdido la mayoría en ambas Cámaras legislativas de entonces, la de Diputados y la de Senadores.

Envalentonado por el respaldo militar que le otorgaban generales que lo veían manipulable, mal aconsejado por asesores arribistas y convenidos, y digitado casi al punto de la hipnosis por su socio principal y eminencia gris, Vladimiro Montesinos, la noche del 5 de abril de 1992 pateó el endeble tablero de la democracia reconquistaba 12 años antes, e instauró un régimen de facto, copando todos los poderes del Estado con intención de perpetuarse en el poder, y saquear el erario público, y tuvo como aliadas rentadas a las empresas encuestadoras, que vendieron la ilusión de que “eso es lo que quiere la gente”.

Las lecciones que nos dejan estos 23 años son de suma importancia para la generación joven, aquella que recién votará por primera vez en las elecciones del próximo año. No pueden dejarse engañar por la sonrisa supuestamente carismática de Keiko Fujimori (que estudió en el exterior con pensiones A1 pagadas por nosotros, y jamás trabajó pero es co-accionista de minas y otros suntuosos bienes), o por la victimización que se hace del ex presidente reo en una cárcel dorada, repitiéndose que padece una enfermedad terminal (que extrañamente dura ya más una década) y una “depresión severa”, pero sin embargo postea en las redes sociales, pinta cuadros, exige teléfonos, compra miles de soles en comida para sus invitados, y recibe féminas amigas dispuestas a consolarlo.

Hace tiempo escribí en este mismo blog un artículo titulado “En boca del mentiroso el cáncer se hace dudoso”, que suscribo plenamente en esta hora actual, a la luz de lo que siguió pasando con Fujimori tras sus dos gobiernos y su reelección fraudulenta para un tercero, que tuvo que ser interrumpido merced a la propalación de uno de los vídeos en los que se ve a Montesinos, brazo derecho del Presidente, comprando conciencias de parlamentarios, jueces, fiscales y dueños de medios de comunicación, con plata del Estado peruano.

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Tras una parodia de persecución a Montesinos,  que escapó con las pruebas de su felonía, Fujimori huyó del país sin que hubiera ninguna acusación aún en su contra. Solo se demostró culpable. Aprovechó un viaje oficial al Asia para quedarse allá, renunciando por fax, viviendo a cuerpo de rey en el país de sus ancestros (en el que incluso pretendió postular al Senado o Dieta) mientras aquí se vivía un caos y recién la gente despertaba a lo que fue tener controlados el Poder Judicial, la Fiscalía y los entes electorales, a la intervención de las universidades, al narcoavión presidencial, la venta de armas a las FARC mientras se cacareaba una inexistente lucha contra el narcotráfico, a las matanzas de Barrios Altos y la Cantuta, al grupo Colina, a las torturas y desapariciones de personas que “sabían demasiado”.

A esos jóvenes que votarán por primera vez hay que decirles cada 5 de abril, aniversario del oprobioso cierre de un Congreso de lejos mucho mejor que el actual, que el delincuente al que se pretendió indultar a la prepo con mil y un estratagemas, permitió que su hermana comerciara con ropa donada de diversos países para niños pobres y muertos de frío en la serranía, que solucionó el largo secuestro de rehenes en la embajada japonesa pero ordenó ejecutar a sus autores ya rendidos y desarmados, que implementó una política de esterilizaciones  forzadas en el altipano, y muchas cosas más.

Y que sus seguidores y herederos no han cambiado nada. Martha Chávez sigue tan soberbia como recalcitrante y rabiosa, Trelles dice que “mataron menos” que sus rivales políticos, tuvieron que retirar de la lista parlamentaria varios acusados de narcotráfico y a una “amiguita” del ex presidente, un parlamentario usa su influencia para contratar con el Estado venta de fotocopiadoras, otro regenta un prostíbulo en provincia donde se explota menores de edad, un alcalde recién electo de esa agrupación ya está detenido por recibir una coima.

Ese es el fujimorismo que celebra esta fecha como si hubieran logrado una gran hazaña, mientras los peruanos decentes creemos que no hay nada que festejar, que más bien perpetraron y cometieron crímenes y delitos, y que hay mucho que reflexionar y hacer reflexionar a los demás, para evitar que una de las más nefastas historias del país vuelva a repetirse.