De “Guzmanlovers” a “Barnecheveres”: El fin del fujimorismo, el humalismo y el APRA

barnechea keiko y guzman

Alfredo Barnechea ha sabido capitalizar los gruesos errores del fujimorismo, el aprismo y el nacionalismo en este proceso electoral, levantando de a pocos y haciendo más o menos lo mismo que hizo Julio Guzmán entre noviembre y fines de febrero, para ponerse prácticamente en la segunda vuelta, a punta de punche de sus bases moradas, una bien diseñada estrategia de marketing en redes y medios, y el destapar a las que deben ser las vedettes de todas las elecciones, las propuestas. Ahora es él quien tiene las posibilidades más a su favor para ser el próximo presidente del Perú. En las calles y redes ha habido una mutación de “guzmanlovers” a “barnecheveres”, lo que implica que el rechazo a los llamados dinosaurios, como acuñara Guzmán respecto de sus rivales fuertes de hace un mes, continúa.

La desastrosa forma en que César Acuña acabó para siempre con su aventura política de querer ser presidente, y la escandalosa injusticia que significó que el JNE filo aprista retirara de la campaña a Guzmán, dándole la mano al líder del partido de Alfonso Ugarte, no sirvieron sin embargo para que a éste le alcanzara y pudiera disputar con PPK el pase al repechaje final con Keiko Fujimori tras la votación del 10 de abril.

El escenario ha cambiado, y a dos semanas del proceso, prácticamente se puede asegurar que Barnechea estaría en esa segunda elección, y que Acción Popular se volvería a encontrar la Presidencia de la República “sin querer queriendo”, pues el anti fujimorismo es casi tan fuerte como el anti aprismo, y la hija del preso ex presidente Fujimori perdería su segunda elección consecutiva.

Fue justamente un representante de AP, Valentín Paniagua,  quién en unos meses llevó a cabo una transición en el gobierno, de un Estado acostumbrado a ser corrompido o sojuzgado con amenazas y chantajes por el fujimorismo, a uno en el que al mismo tiempo que se crecía económicamente, se iban sentando las bases para castigar la impunidad y la infracción a la ley. Al fujimorismo le tiene sin cuidado esto, para ellos (como para los apristas y hay que decirlo también, los ppkcausistas, los chakanos y los seguidores del alcalde Castañeda, cualquier rincón del Estado es una ubre llena de recursos que creen haber ganado el derecho de secar), por lo que Barnechea tiene de ganar la gran oportunidad (como la tuvo Guzmán y la tendría de haber seguido en carrera) de ordenar el aparato público para que sirva más eficientemente a las personas, y no sea al revés.

Esta elección, al parecer significaría el fin del humalismo, que no pudo presentar una alternativa peor que la de Daniel Urresti, y cuyos líderes afrontarán seguramente una feroz investigación y hasta un juicio de residencia por una serie de temas, que salpican a todo el mundo, entre ellos a la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, presente en las cuestionadas agendas de la Primera Dama, al ser su socia y sucesora en la administración de una ONG que contaba con amplios recursos chavistas desde Caracas, algunos gestionados por Martín Belaúnde Lossio, hoy preso.

También del aprismo, o en todo caso del alanismo. Torpemente decidieron unir fuerzas con el PPC, que va de capa caída, cada vez de mal en peor. El peor negocio político para los otrora partidos con controlaron la Asamblea Constituyente tras el retorno a la democracia en 1980. Si pasan la valla, lo que sería un milagro, corren el riesgo de liliputizarse como los movimientos de Florez-Araoz u Olivera, sino hacen una reingeniería y renuevan sus cuadros.

Y, finalmente, también la debacle del fujimorismo en caso que le gane Barnechea a Keiko en esa hipotética segunda vuelta. Igual hubiera sido con Guzmán en la cancha. Que la hija del caudillo que ellos dicen que fue el mejor presidente de la historia, pierda dos elecciones seguidas, con él aún vivo y victimizándose en la cárcel, sumado a todos los cuestionamientos sobre su lista de candidatos al Congreso, donde hay desde lavadores de dinero hasta abiertos socios del narcotráfico; y a que hayan infringido soberbiamente las normas que regulan los comicios, regalando plata, al igual que Acuña,  a través de su creación Factor K, con el consiguiente rechazo que esto ha causado, no le auguran un buen futuro, más que el de tener por última vez una mayoría entre la minoría parlamentaria.

Ahora, Barnechea no es acciopopulista como lo fueran el fundador de ese partido, el dos veces ex presidente Belaúnde Terry o Valentín Paniagua (y como sí lo son sus candidatos a vicepresidentes, Víctor Andrés García B. y Edmundo Del Aguila). Es más bien un outsider como lo es Guzmán. Solo que estuvo ligado a Alan García durante el primer gobierno de éste, para luego ir virando hacia una derecha más conservadora. Es culto, se ha preparado como estadista, no se le conocen chanchullos ni anda vinculado a escándalos.

No sería un lujo extremo pero es una posibilidad de gobierno que podría asegurar 5 años de relativa tranquilidad. Si Guzmán y Todos por el Perú mantienen vigencia y se reestructuran bien, se estaría produciendo para el 2021 una continuidad y una transferencia más saludable para el país que la que podría generarse si el fujimorismo, el alanismo o la fragmentada e ineficaz izquierda llegaran al poder ahora. Con todo lo malo que ha sido este proceso electoral, plagado de irregularidades y de injusticias, se espera que los años de improvisaciones, experimentos y escándalos de corrupción vayan llegando a su fin, para poder por fin modernizar el Perú y llevarlo a globalizarse competitivamente con otras naciones más desarrolladas.

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