Un gobierno más perdido que el avión malasio

POBLADORES DE COCACHACRA SE ENFRENTAN A LA POLICIA. FOTO: HEINER APARICIO LUGAR: COCACHACRA
POBLADORES DE COCACHACRA SE ENFRENTAN A LA POLICIA.
FOTO: HEINER APARICIO
LUGAR: COCACHACRA

El Presidente Ollanta Humala dejó pasar la última oportunidad que tenía para mostrarse ante el país como un estadista, y en virtud al mecanismo utilizado para intentar dar solución a la crisis en Arequipa por las protestas antimineras, ha evidenciado un pésimo manejo ante los conflictos sociales, y ha desnudado tanto su improvisación como su grado de ineficacia para el cargo, lo que configura una situación preocupante al entrarse ya a un año electoral, en que las aguas estarán movidas, y pudiera cundir la tentación de patear el endeble tablero de la democracia, que se expresa entre otras cosas, en la alternancia en el poder.

En vez de ir personalmente al sur del país, ese sur que votó mayoritariamente por él y lo ungió Presidente por sobre Keiko Fujimori, prefirió la seguridad y el facilismo de un mensaje a la Nación ante las cámaras de televisión. Lo ideal hubiera sido que demostrara autoridad (ahora que su esposa se encuentra de viaje en Asia) y sentar ahí en Arequipa ante una mesa  a los representantes de la empresa  como a los promotores de la protesta, y buscaran una solución rápida y satisfactoria que sea en beneficio, principalmente, de la población que es la que le paga su salario, y no una corporación internacional que en virtud a un contrato tiene obligaciones que cumplir.

El  mensaje de Humala, comparándolo con el coincidente comunicado de la empresa Southern soltado poco después, mientras el Primer Ministro estaba en el Congreso soportando la andanada de todas la bancadas, parece escrito por la Gerencia de Prensa de esta compañía, y esto es lamentable. Exhorta, llama a la reflexión, señala logros obtenidos, demanda unidad, pero ni una acción concreta. Resultado: Southern hace una “pausa” de 60 días en Tía María, que fuera de eufemismos creemos es más bien una suspensión de actividades que durará más, hasta que tengamos un gobierno de verdad.

En resumen, el candidato incendiario y nacionalista se convirtió en tibio Jefe de Estado durante sus primeros años de mandato, y termina sus últimos meses en Palacio como un gobernante timorato, sin fortaleza ni decisión. No ha solucionado nada. El comercio y el turismo en el sur están paralizados, la anarquía se agudiza, pues la lavada de manos de la Southern no convence a nadie, y ya se habla de crisis mayores: una Huelga Regional Indefinida y hasta de pedidos de vacancia presidencial para que asuma la segunda en el orden de sucesión, Marisol Espinoza.

Si bien no se puede aceptar que una demanda poblacional justa se convierta en una espiral violentista, y que turbas azuzadas por agitadores profesionales pretendan incendiar la pradera con métodos senderistas, el papel cumplido por el Estado, por el gobierno en particular ha sido pobrísimo, decepcionante, vergonzoso.

Policías sembrando armas punzo cortantes en manifestantes detenidos, y Ministros fungiendo de voceros de una empresa que tiene un largo historial de incumplimientos en temas ambientales, haciéndole el amén al acusar a dirigentes de la protesta, a los que es claro que intentaron comprar para que levanten la medida de fuerza, y de no lograrse, descalificarlos como chantajistas.

En el colmo de la incompetencia, varios voceros del gobierno admitieron que no sabían que se estaba incubando esta crisis en Islay. Si con lo de Conga no aprendieron, entonces es obvio que deben buscarse otra ocupación, y lo mismo quienes fungen de expertos en inteligencia de la DINI, porque es inadmisible que se dediquen a hacer reglajes a políticos opositores (y hasta oficialistas) y periodistas, y se les pasee el alma en temas gravitantes de seguridad.

Esto no es una “tregua” como lo quieren dibujar desde el gobierno. Es un desmadre de dimensiones incalculables, sólo que no parecen darse cuenta. La imagen de nación soberana está por los suelos. Si quisieran, hasta los bolivianos nos invadirían. El Jefe de Estado no ha demostrado ser un líder: vándalos atentando contra policías y la población, y una empresa que se ríe del país al tener una docena de sanciones por incumplir normas ambientales y que ahora habla de “socializar el proyecto” cuando han pasado cinco años sin mostrar ninguna intención de hacerlo.

Es un desmadre, pues. El gobierno está más perdido que ese avión malasio que ya  lleva más de un año y dos meses sin saberse donde está.  Y ni meter preso a Aurelio Pastor, destituir como Fiscal de la Nación a Carlos Ramos Heredia, suspender a tres congresistas el mismo día, o auparse al show mediático de Mónica Cabrejos y el escritor Ivan Thays, hará que recupere la confianza del país. Sólo el actuar con independencia, soberanía y liderazgo.

(Foto cortesia IDL-reporteros)

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