EL CONGRESO: LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO

Hay un dicho antiguo que señala que “la mujer del César no solo tiene que ser honesta, sino también parecerlo”. Yo aplicaría inversamente este secular refrán a nuestro tan venido a menos Parlamento, para precisar que en su caso no solo debería parecer honesto, sino serlo realmente.

escandalos

Recordando cómo eran los Congresos de antaño y comparándolos con los de los últimos 25 años, es evidente que vamos cada vez de mal en peor. A los legisladores y constituyentes de antes les interesaba el debate político, la confrontación de ideas, y si bien en ello había una carga de interés por llevar algo de agua para su molino, y seguramente también su dosis de vanidad, lo que vemos ahora es un escándalo tan notorio que muchas veces dan ganas de mandarlos a todos a su casa, cuando no a un lugar no tan sagrado como ese.

En los últimos años hemos asistido a mil y un escándalos protagonizados no solo por comepollos, mataperros, lavapies, robacables y una serie de especímenes similares (incluyendo artistas de TV o deportistas que no saben dónde están sentados), sino también a otros cuyos actos de corrupción deberían haber terminado no sólo con una expulsión con destrucción pública de la medalla congresal, sino incluso con la prisión efectiva.

Parlamentarios socios de la minería ilegal, otros que usan sus oficinas para videos proselitistas y ridículos, los de más allá robándole parte del sueldo a sus empleados o acosando sexualmente a sus colaboradoras, los de más acá contratando con el Estado a través de sus empresas sabiendo que está prohibido, y muchos ligados claramente al narcotráfico y hasta regentando burdeles.

Y nosotros, los de abajo, los que votamos por ellos a través de esa tragicomedia en que se ha convertido el voto preferencial, y quienes somos al final quienes les pagamos, tenemos que ver que la blandengue Comisión de Ética y la acomodaticia Comisión de Levantamiento de Inmunidad (donde acaban de poner a José León, amigo de narcotraficantes y propietario de un hostal donde se practicaba la prostitución) solo sirven para lavar la cara de sus colegas, ejerciendo el otro oficio más antiguo del mundo: la impunidad.

En el colmo de la desfachatez ahora cogen dinero del Congreso, de todos nosotros, no para desarrollar trabajos de fiscalización y representación en provincias, sino con fines proselitistas, acompañar en mítines a su lideresa, y tras el escándalo lo devuelven como un “gesto político”, sin arrepentirse ni pedir perdón, y frustrando la sesión donde se solicitaba sanción.

Los de arriba y los de abajo. Si se elimina el voto preferencial, los partidos políticos deberán poner a sus mejores cuadros, los más honestos y capaces en la parte superior de sus listas, y no al que ponga más plata pensando en recuperarla, o al que tenga mejores contactos empresariales  pensando en los lobbys, o al más relacionado con los cárteles de la corrupción pensando en enriquecerse.

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