Intolerancia cristiana ¿Y la santa paciencia?

No soy homosexual ni homofóbico, y eso me inscribe dentro de la inmensa mayoría de peruanos para quienes la vida de los gays, las lesbianas, los “bi” y los “trans” nos va y nos viene, mientras no afecten nuestros derechos ni nuestra tranquilidad. Pueden salir hasta en TV si quieren, pero no en horario familiar, profiriendo groserías o imponiendo a los televidentes menores de edad patrones de conducta reñidos con la moral.

union civil

Pero de que dos hombres o dos mujeres puedan vivir juntos, firmar un contrato legal para hacer respetar el derecho a herencia de la persona con la que en vida comparte su existencia, sus compras e inversiones, y que ese contrato sea válido ante la ley, estoy plenamente de acuerdo.

El asunto es un tema jurídico y no religioso. Por eso llama la atención (o no tanto conociéndolo ya tantas décadas) que en actitud intolerante, de macho comisario de la época de los western, venga el señor obispo Luis Bambarén, ¡¡¡un hombre que viste falda larga, por Dios!!! a pretender descalificar al congresista impulsor de la ley de unión civil llamándolo “maricón”.

Se llena la boca la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana (y aunque digan que no, le hacen el coro todas las demás organizaciones confesionales) diciendo que el vínculo matrimonial es sagrado, y que Dios creó hombre y mujer nada más, para que se casen, como si el hombre que se siente mujer, o la mujer que siente como hombre, no fueran parte de la raza humana.

Y encima tienen la audacia de decir que lo hacen para “proteger” a los niños, que no crean cosas raras, que ellos nacen ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE de varón y mujer, como si no se hubiesen pasado 21 siglos repitiéndonos que una virgen dio a luz, y como si muchos de esos niños a los que quieren salvaguardar no hubiesen sido víctimas de sacerdotes o pastores pedófilos. ¡El colmo, la verdad!.

bambaren

Una reciente investigación de especialistas en informática que pudieron acceder al historial del servidor en la Plaza de San Pedro y alrededores dio cuenta que las páginas web más visitadas ¡en el Vaticano! son las de contenido explícito sexual, y en muchos casos, pedofilia. No vengan pues a tirar piedras como en los tiempos de la Magdalena adúltera, cuando tienen tremendo techo de vidrio.

Por otra parte intentan llevar el debate, eminentemente legal, al plano bíblico para decirnos que en dicho vetusto volumen habita la palabra viva de Dios. ¿En pleno siglo XXI, hay todavía gente que cree que un libro escrito por cronistas rentados desde la época de Constantino, y atribuido a un grupo de pescadores y labriegos ignorantes de Galilea, respetables por cierto, puede marcar la pauta de una discusión constitucional en este país o cualquiera en el planeta? ¿Y el amor al prójimo, la igualdad ante Dios? ¿La santa paciencia?

Si aquí de lo único que se trata es que esa hipotética pareja de hombres o de mujeres a los que me referí al inicio (que además han existido desde siempre, no querramos tapar el sol con un dedo), puedan tener la seguridad legal, notarial, constitucional, de legar los bienes conjuntos que tienen a quien le ayudó a comprarlos, y no venga un tío, sobrino, o hermano a querer llevárselos sin que le costara un quinto, y encima seguro denostando del familiar “raro”, que ahora muerto es muy querido y considerado.

Lamento que partidos otrora serios como el APRA muestren una incoherencia fatal, pues mientras algunos de sus congresistas respaldaron a Bruce, otros dirigentes le meten un puñal a quien es miembro de su propia bancada, saliendo en los medios a declarar su alegría por la no aprobación de la ley, haciéndole el juego a Bambarén. Y así, mientras Alan García se jaranea con la Paisana Jacinta, un personaje transvestido, los apristas acomodaticios se  olvidan que Haya de la Torre no fue furgón de cola jamás de una Iglesia proclive a los privilegios de ricos y poderosos, y salió a las calles para defender la libertad de pensamiento, cuando el  dictador Leguía quiso entronizar al Sagrado Corazón de Jesús para tapar sus tropelías.

Como siempre, aquí ponemos Los Puntos sobre las Jotas, que también lo tienen, aunque las mayorías pretendan hacernos ver que sólo lo tienen las íes, en una clara muestra de falta de inclusión y espíritu democrático.

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