Armando: el ultimo combatiente

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Siempre se le etiquetó como un hombre duro, fuerte al extremo, aguerrido sin concesiones. Las persecuciones, destierros y horas de lucha inacabable forjaron en su rostro un rictus que, tanto sus compañeros de partido como sus adversarios políticos aprendieron a temer y a respetar. Su vida se apaga, a los 97 años, y la certeza de que no volveremos a escuchar su voz rasposa, contribuyendo con su sabiduría al bienestar del país, nos deja un sordo dolor en el alma.

Lo cierto es que Armando Villanueva del Campo fue toda su vida uno de esos patriarcas que tras el gesto adusto que sus enormes cejas denotaban, derrochaba bondad, generosidad, y buen humor (lo recuerdo una vez carcajeándose de alguna broma que aludía a su característica, bastante exagerada por Sofocleto, de tener los pies grandes y calzar algunos números más que los del común de varones).

Pero además fue siempre un agudo analista de la realidad del país, y son legendarias su preocupación por los más pobres, y su íntegra lealtad a los ideales del fundador del movimiento aprista, que en una oportunidad casi lo lleva a la Presidencia de la República.

Don Armando ha sido un referente de la historia política del país durante la segunda mitad del siglo XX, y su influencia no mermó nunca, aún cuando su estado de salud delicado lo postrara en repetidas ocasiones durante el siglo XXI. Sus mesuradas declaraciones en temas de importancia nacional lo mantuvieron vigente siempre, no sólo para los militantes de su partido, sino para la población en general, que a lo largo de los años reconoció en él al político probo, honesto, frontal y estudioso de los problemas para instrumentalizar una solución.

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Luchador incansable por la justa distribución de la riqueza, bebió de las ideas de Haya de la Torre cuando aún era un escolar en la misma alma mater que quien escribe esto, el Colegio San Luis Maristas de Barranco. Se inscribió en el APRA  cuando aún no terminaba la escuela, en 1931, fundando años después el Centro de Estudios Universitarios Adelante (con Luis Felipe de las Casas) y la Juventud Aprista Peruana, de la que fue el primer Secretario General, en el año 1934.

Revolucionario indesmayable, fue apresado en varias ocasiones y encerrado. Estudió Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, aunque su lucha política fue siempre más importante  para él que la vida académica. Ese inquebrantable deseo por cambiar las estructuras del país le costó más detenciones, e incluso deportaciones. Cada vez que regresaba a su tierra, volvía a activar en la Secretaría de Propaganda. El suyo fue siempre un trabajo clandestino.

Así participó en 1944 de la formación del Frente Democrático Nacional, junto a Ramiro Prialé, otro de los mas aprovechados discípulos de Haya de la Torre. En esas epocas apadrinó el matrimonio de Carlos García Ronceros y Nita Pérez Rojas, que más adelante trajeran al mundo a Alan García, dos veces Presidente de la República, representando al partido de la estrella.

Luego de nuevas detenciones y deportaciones,ejerció el periodismo en diversas publicaciones, graduandose como periodista en 1965, en la San Marcos. Fue elegido Diputado en 1963, asumiendo la Presidencia de la Cámara en 1967. Su mandato fue interrumpido por el golpe militar del General Juan Velasco Alvarado. En 1975 , tras los sucesos del 5 de febrero, fue nuevamente deportado.

Trabajó activamente en la reorganización del partido mientras el líder aprista, Victor Raúl Haya de la Torre presidia la Asamblea Constituyente de 1978-1979.  Tras la muerte del fundador del aprismo, obtuvo la nominación a la candidatura presidencial, y fue derrotado por el Arquitecto Fernando Beláunde, de Acción Popular. Fue esa campaña muy dura, instigada por los militares y políticos afines a ellos, porque se evidenciaron ataques bajos como el mencionar la nacionalidad chilena de Lucy, la amada esposa de Villanueva del Campo, como si fuera un peligro para la seguridad del país.

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Colaboró en primera fila durante el primer mandato de Alan García, siendo Presidente del Senado y Presidente del Consejo de Ministros. En el plano partidario, fue miembro de la Comisión Politica del APRA en numerosas ocasiones y cuatro veces Secretario General. Durante el gobierno de Fujimori presidió, como Embajador Extraordinario, la delegación de Parlamentarios ante los países garantes del Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro (1991)

Ha recibido las mas importantes condecoraciones nacionales y de varios países hermanos. Su  importancia como político es reconocida no sólo por miembros de su partido, sino por sus rivales. El presidente Alan García consultó siempre con él, y lo mismo se puede decir de los ex presidentes Fernando Beláunde, Alberto Fujimori, Valentin Paniagua, Alejandro Toledo, y el propio actual mandatario Ollanta Humala. Porque Don Armando fue siempre un gran conversador, un terco maestro al que le gustaba, incluso hasta hace poco, reunir a jóvenes en su casa, para escucharlos y orientarlos.

En los últimos tiempos se fajó al interior de su partido defendiendo la candidatura presidencial de Mercedes Araoz, torpedeada por el ex Secretario General Jorge Del Castillo a quien enmendó la plana en más de una ocasión.

También evitó involucrarse en el tema de la revocatoria de la Alcaldesa  de Lima, Susana Villarán, una de cuyas asesoras (curiosamente hija de su otrora rival por el control del Partido Aprista, Andres Townsend) patinó al querer congraciarse con la militancia proponiéndolo para una Medalla en pleno proceso en que el pueblo decidiría por la destitución o ratificación en su cargo de la primera autoridad de la capital. Nunca utilizó a nadie, y nunca permitió que se le utilizara, es el mensaje que nos deja esa reciente actitud.

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Don Armando se extingue, es cierto. La vida es así. La muerte es instrínseca y hay que aceptarlo, aunque no sin pena. Nos deja sus libros, sus artículos, sus charlas, su decencia, su infatigable amor por el Perú. Y un profético mensaje, que expresara en 1967, cuando asumió la Presidencia de la Cámara de Diputados. Al leerlo no puedo dejar de pensar cuán vigente ha sido siempre, y seguirá siendo, este viejo luchador en la historia del país:

“Invoco para que con sus espíritus nos orienten e iluminen las figuras patricias del pensamiento democrático y revolucionario de nuestra historia. Al mencionado Luna Pizarro, primer Presidente del Poder Legislativo; Sánchez Carrión, y al Vidaurre germinal, cuya concepción anfictiónica respondió al pensamiento del Libertador Bolívar, a este pensamiento que tanta vigencia tiene hoy en nuestra América; a Vigil, en su actitud fiscalizadora del Poder Ejecutivo cual corresponde al Parlamento en su valiente posición constitucionalista; a Felipe Pardo y Aliaga, en su aristocrática defensa de la inteligencia y en su condenación a la demagogia; a Lazo, a Mariátegui, a Gálvez, los héroes decimonónicos del pensamiento civil, enfrentándose al autoritarismo; a Melgar, a Pacheco, a Corpancho, con su primicial gesto antiimperialista y sus misiones cumplidas en defensa de los valores y la soberanía de los pueblos de América Latina; a González Prada y a su protesta, que fue norte de mi vida y de la vida de un pueblo. Nunca más que hoy será imperativo que este Parlamento dé ejemplo de lo que es el equilibrio de los Poderes del Estado. Desde aquí saludo a quienes los representan seguros del mutuo respeto que debe inspirar la norma de conducir a la República. Y, si la Historia de la República del Perú, como ha escrito el historiador Basadre, comienza con la instalación del primer Congreso Constituyente, evoquemos el espíritu de los Padres de la Patria para ser dignos del pueblo, ser dignos del ejemplo y que el pueblo sea digno de nosotros”.

Muchos cambios necesita el llamado Partido del Pueblo para ser digno de referentes como Armando Villanueva, Ramiro Prialé, Fernando León de Vivero, Luis Felipe de las Casas, Carlos Manuel Cox, Manuel Seoane. En los años subsiguientes a la elección de Alan García, se sumió en una vorágine de acusaciones de corrupción, y muchos de sus cuadros ciertamente fueron protagonistas de raterías y “faenones”.

Villanueva siempre deslindó de ellos, recordando que Haya de la Torre vivió y murió en la humildad. Su ejemplo debe instalarse en las nuevas generaciones. Ese sería el mejor homenaje a su impoluto legado no solo al aprismo, sino al Perú.

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