¿Revocatoria o plebiscito?

Ni siquiera la última elección presidencial levantó tanta polarización como el plebiscito limeño del proximo domingo. Todos, absolutamente todos mis colegas y amigos, que al igual que yo veíamos incrédulos como el proceso electoral del 2011 se decidía durante la segunda vuelta entre fuerzas a las que no teníamos ninguna confianza (el partido de Humala y el fujimorismo), ahora han tomado posición a favor de los revocadores o en contra de la destitución de la alcaldesa Susana Villarán, y en algunos casos las discusiones que se arman en las redes sociales tienen toda la virulencia de vetustos comicios, en que la sangre llegó al rio.

Simbolos de la revocatoria a Susana Villaran

No está en mi ánimo influir a nadie. A estas alturas prácticamente toda la población de Lima (especialmente la más pensante) ha tomado ya su decisión, correcta o equivocada. Quienes apoyan a los revocadores insisten en que no es importante “mirar con quien andan” sino que los fracasos de la gestión edil se merecen este descuartizamiento público de una señora metida en política, que nunca fue cuestionada por su honestidad, pero a la que se achacan negligencias e ineficacias que no pueden ser perdonadas como sí a sus antecesores, que terminaron sus períodos con mayor o menor índice de popularidad.

Para los defensores de la alcaldesa, por su parte, todos los que marcarán SI han aprendido a vivir con la corrupción, son repetidores del famoso slogan “no importa que robe, lo que importa es que haga obra”. Y tampoco es así. Muchos entre los que votarán por el SI creen sinceramente que el mecanismo de revocatoria está para usarlo y no ser letra muerta, y que si las autoridades demuestran incapacidad o deshonestidad en el ejercicio de sus cargos, deben ser sancionadas con el despido.

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Lo cierto es que los insultos comenzaron de uno y otro lado en el tramo final de una campaña que se refrescó de forma interesante hace un mes con la aparición de los ingeniosos “memes”, que no sabemos bien si fueron producto de la picardía limeña, o estaban planeados dentro de la estrategia diseñada por el asesor de imagen brasileño Favre, contratado por los defensores de la alcaldesa, para contrarrestar las cifras que había alcanzado el grupo de revocadores encabezados por Marco Tulio Gutierrez y Luis Castañeda Lossio.

Errores han cometido ambos bandos, qué duda cabe. Como aquel de pretender involucrar con un inoportuno y calculado “homenaje” municipal al líder histórico del APRA, Armando Villanueva del Campo, que se había mantenido al margen, y que al final tuvo que someterse a la disciplina partidaria y apoyar tibiamente al SI, cosa que toda la cúpula de Alfonso Ugarte celebró (excepto Carlos Roca, curiosamente ex candidato a la Alcaldía, lo mismo que Lourdes Flores, ex rival de la Villarán, de las filas del PPC).

También la celebérrima (por lo aberrante) frase de Gutierrez, en vísperas del Dia Internacional de la Mujer, en la que indicó que “las mujeres siempre dicen que no, pero en el fondo quieren decir que Si”, como la del regidor pepecista Pablo Secada, qu atribuyó un supuesto envenenamiento de la ex congresista Martha Moyano a “haberse mordido la lengua”. Al margen de éstas y otras patinadas, normales en un proceso electoral, donde la adrenalina corre más rápido que la sensatez, se han esgrimido argumentos lúcidos en ambas orillas.

A mi, en lo personal, me parece que a la alcaldesa le ha quedado grande el cargo, y ninguno de los regidores que la acompaña, sea de su Fuerza Social (sí, ni Zegarra), del PPC y Solidaridad (sí, el hijo de Castañeda entre ellos), o de la bancada fujimorista que lanzó a Alex Kouri (sí, el famoso “huevoduro” Fernán Altuve) ganarían ni la vocalía de la Junta Vecinal de su barrio tras el raro proceso ganado por Susana Villarán, que demostró una vez más que las encuestadoras en el país no sirven absolutamente para nada más que para cobrar fuertes sumas de dinero cada campaña. Que ha demostrado ineficiencia, mala comunicación, oportunismo, ensañamiento con sus antecesores, y proclividad a una suerte de sectarismo propio de los partidos retrógradas que ya no gobiernan en ninguna parte del planeta, es cierto.

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Como también es cierto, y pueden sacudirse quienes no crean estar en ese saco, que los revocadores no pueden permitir que la izquierda les gane este proceso (como el de las presidenciales pasadas) pues eso significaría que han perdido piso, que el libre mercado, el liberalismo cruel que mas parece consevadurismo, está de capa caída no sólo en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina, sino que el país ya despertó de su marasmo y no perdona la corrupción y el chantaje, el aprovechamiento y la manipulación, es decir, no quiere ver de nuevo en el sillón de Pizarro a un (una) Fujimori, a Toledo, a García….ni en el de Nicolás de Ribera a un Del Castillo o a un Castañeda Lossio.

Todo evoluciona, señoras y señores, y también la forma de elegir y sancionar a nuestras autoridades. En mi opinión, la Sra. Villarán aún tiene dos años para reformular su manera de encarar el gobierno de la ciudad. Entrar a un proceso electoral cada tantos meses no le hace bien a la capital del país, ni a la economía nacional. No me insipran mucha confianza Anel Townsend ni Favre ni Siomi Lerner, es cierto, pero mucho menos Castañeda, Marco Tulio (a quien el ingenio peruano ha bautizado ya como “Marco Turbio”), el fujimorismo y la cúpula aprista convenida que no respeta el sentir de sus bases, porque cree que tendrá preesencia capñitalina con el ex alcalde solidario o con fujimorista en el Concejo limeño.

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Aquí no se trata de empoderar a la alcaldesa ni a la izquierda marxista con un eventual triunfo del NO, como bien sostiene un analista en “Semana Económica”. Que gane el NO no significa que Tierra y Libertad o Gregorio Santos son bolos fijos en el 2016, y mucho menos Alejandro Toledo o PPK. Y si gana el SI, no deberían soñar Alan García, Keiko Fujimori o Luis Castañeda con que tendrán su oportunidad en Palacio.

Yo lo veo más como una llamada de atención a quien gobierna, de que siempre es posible enmendar tras el jalón de orejas popular. Lo de la Parada y la reforma del transporte está bien, es necesario….lo de la Herradura y la Costa Verde son errores, se pudo planear mejor. Los revocadores apelan al sentimiento de miedo, al “salto al vacío” que pregonara el ex presidente peruposibilista, que finalmente terminó apoyando al actual gobernante. Lo que demuestra, una vez más, que la política es el arte de lo posible.

A votar con serenidad y tranquilidad. Si quieren ejercitar ese derecho varias veces de aqui al 2016, en que también habrá segunda vuelta, ok, están en su derecho. Si prefieren ver cómo una llamada de alerta sirve para corregir a los servidores públicos, ésta también es una buena oportunidad. Lo cierto es que el lunes 18, en la mañana, Lima seguirá siendo la misma, y habrá que ver quién o quienes estarán a cargo para solucionar sus problemas.

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