Venezuela y Perú: Caudillismo vs. Liderazgo

Hugo Chávez alcanzó una nueva victoria electoral y se encamina a su cuarto mandato en Venezuela, en medio de una serie de voces nacionales e internacionales que hablan de mal empleo de los recursos públicos, de una economía deteriorada, de permanentes agresiones a medios de comunicación y líderes opositores, y de dudas sobre si el voto electrónico era realmente secreto.

Si bien el triunfo holgado del mediático comandante ha sido celebrado tanto en Guayaquil, La Habana, La Paz y Buenos Aires, como en Damasco y Teherán, según los cables internacionales, ha quedado en evidencia la inmensa cantidad de votos por el rechazo, personificado en esta ocasión por Henrique Capriles, que se enfrentó a un caudillo con más de 20 años en la escena política, que usó indiscriminadamente los recursos del Estado para su tercera reelección, estuvo en las pantallas televisivas prácticamente todo el día a todas horas, y que aprovechó su enfermedad para conectarse sentimentalmente con las masas.

 

En nuestro país, el gobierno del presidente Humala ha saludado la victoria de Chávez dentro del marco de respeto que la diplomacia exige, sin las demostraciones de euforia a las que quizás hubiésemos asistido si el Jefe del Estado peruano no hubiese entendido, como al parecer ha hecho, que para concretar los objetivos que la nación requiere para su crecimiento y desarrollo se precisa más de liderazgo que de caudillismo.

 

Las diferencias que nuestro país tiene con la Venezuela de Chávez son ahora más saltantes que durante nuestra última campaña electoral, en la que Humala venció por escaso margen a la hija del ex gobernante Alberto Fujimori. En la nación llanera un 54.4% de los votantes llevó nuevamente al polémico comandante al sillón presidencial, más por miedo a represalias de no ser cierto que el voto electrónico era absolutamente secreto, y es innegable que un sector importante de ese país considera este triunfo como una victoria de la “democracia” como la entiende Chávez, el socialismo y la llamada “revolución bolivariana”.

 

Quienes vemos las cosas de distinta manera nos sentimos aliviados que el presidente Humala haya reflexionado tras ganar la segunda vuelta el año pasado, haya dejado de ser un “leal soldado” de Chávez, y lleve los destinos del país por caminos dialogantes y responsables. Con sus errores (y estamos seguros que es consciente que en el gobierno éstos existen), ha demostrado que quienes se oponían a él pensando que seríamos gobernados a los gritos, con medios de comunicación parametrados, en forma plebiscitaria para empujar las reformas, y con altísimos niveles de corrupción, se equivocaron.

 

Gracias a Dios el Perú de hoy no se parece en nada a la Venezuela que se apresta a reinstalar a un gobernante que espera que el cáncer  le permita cumplir dos décadas en el poder. En el Perú de hoy, las instituciones no han seguido el camino del desmantelamiento que sufren en el país de Chávez y que fue pan de todos los días aquí durante los años ’90 del fujimorismo, que hoy intenta minimizar sus atrocidades y corrupción solicitando un indulto para su encarcelado dirigente.

 

En el Perú de hoy, gracias al liderazgo de los últimos gobernantes, aún con sus errores, hay espacios auténticamente democráticos, y el crecimiento económico es una realidad, a diferencia de Venezuela, donde ni los petrodólares de los que se ufana el mandatario han servido para atacar la ausencia de alimento y hasta de luz y agua, el desempleo, y la inseguridad, que muestra la alarmante cifra de mas de 20 mil muertos sólo en los últimos 12 meses, y sin vivir un conflicto armado.

 

Según un importante analista citado por el diario ecuatoriano HOY, Venezuela es el único país de América Latina que en los últimos 15 años no ha logrado crecimiento en sus exportaciones. Además, tiene prácticamente toda su estructura productiva quebrada, la inflación bordea el 20% anual, y el gasto público es tan elevado que ha generado el más alto déficit fiscal de su historia.

 

Los demócratas esperamos cambios en virtud al diálogo y al reconocimiento de los errores. Si estas señales no se dan al inicio del nuevo gobierno de Hugo Chávez, vemos muy poco probable que mantenga la legitimidad por mucho tiempo más. América Latina está cansada de matones de mano dura, populistas, y con poder absoluto. Pero en democracia, los gobiernos, buenos y malos, caen en las urnas, y por el momento en Venezuela seguirá el chavismo.

 

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