Identidad nacional y Cultura

Algo no debe andar muy bien en nuestra identidad como nación si solo nos sentimos hermanados cuando la selección de fútbol de nuestro país logra buenos resultados, o cuando nos congregamos en un espacio como el del Campo de Marte para hacer un tour gastronómico por todas las regiones de la patria, degustando la rica variedad de potajes que gracias a la Feria Mistura tenemos a nuestro alcance.

El racismo perverso y excluyente está latente y es cada vez mas atrevido. Cuando hace unos meses el vástago de una conocida actriz se lió a insultos con otra asistente a la misma sala de cine y la agredió verbalmente motejándola de “chola” y algunos adjetivos irreproducibles, se intentó desde los medios de comunicación suavizar el asunto, señalando que era un caso aislado y que en ningún modo reflejaba un patrón en nuestra sociedad. Pero el tema, lamentablemente, no ha quedado allí.

El incidente registrado recientemente, en el que un grupo de jóvenes “de la alta sociedad” la emprenden bajo los efectos del alcohol contra un grupo de periodistas que cumplían con su trabajo al registrar el aparatoso accidente vehicular que ocasionaron, es una muestra que el racismo no ha sido superado. Los hombres de prensa tuvieron que soportar no sólo agresiones físicas, sino también el que los muchachos los tildaran de “cholos de m…”. Y aún más, ni los policías se atrevían a acercárseles, ya que como tienen la autoestima tan baja, sea por el magro sueldo que reciben como por su origen étnico “en comparación” con el del agresores, se sintieron inferiores y no hicieron uso de su autoridad.

La situación pasó de inmediato, como casi todo en nuestros días, a las redes sociales. Tanto en Twitter como en Facebook resucitó el tradicional “apanado” o “callejón oscuro”, famoso en las etapas escolares del siglo pasado, sólo que ahora se ha dado en llamar “bullying virtual”. Los hijitos de papá se convirtieron en un abrir y cerrar de ojos en blanco de los insultos más rebuscados de nuestro vocabulario, por parte precisamente de aquellos que siempre se sintieron menos que ellos.

Si bien un gran sector de peruanos sabemos que nuestro país tiene un gran potencial para sentirnos orgullosos de él, sería conveniente que tanto padres de familia como maestros revisen los valores que inculcamos en los más jóvenes, para evitar este tipo de fisuras en nuestra identidad nacional, que no sólo se reflejan en comportamientos como estos, sino que afectan nuestra imagen en el exterior, en un mundo globalizado como el actual, donde los nacionalismos no tienen porqué ser nocivos si van acompañados de cultura.

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