La educación de América Latina en debate

Hacer un análisis acerca de la situación de la educación en América Latina, no suele ser un tema muy popular, pues en todos y cada uno de los países de la región, los presupuestos que se privilegian son aquellos que se refieren a áreas consideradas productivas (como si la formación y capacitación académica no lo fueran) o de defensa interna y/o externa.

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La educación en el Perú ha vuelto a ponerse en debate recientemente, debido a los últimos acontecimientos que han originado que la Ministra del sector, Patricia Salas,  defienda en el Congreso a capa y espada su proyecto de “Ley del Desarrollo Docente”, ante la mirada crítica de los expertos en el tema, parlamentarios de tiendas políticas opositoras al régimen de Ollanta Humala, y hasta de varios miembros del propio Gabinete Ministerial que ella integra.

Y es que, como se pretendía en un inicio, otorgar participación al SUTEP (Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación Peruana) en la evaluación de los profesores, como parte de una mesa de trabajo que involucre a todos los actores de este sensible sector, fue un tema generó un encendido intercambio de opiniones del que la Ministra no salió muy bien parada, pese a que logró capear la posibilidad de interpelación por parte del Parlamento peruano.

Si me preguntan mi opinión, yo creo que la participación de todos los organismos involucrados en el tema educativo no debería ser visto con malos ojos (y estoy seguro que en otras latitudes sería algo normal) si todos no supiéramos lo politizado que está ese gremio sindical (me refiero al SUTEP), y su cercanía con ideologías extremistas, que sabemos cuánta influencia dañina han tenido para los niños y jóvenes peruanos en el pasado reciente.

El tema, sin embargo, va más allá. Una Ley del Profesorado o llamada de la Carrera Magisterial no es novedad en mi patria. Desde los tiempos de Ramón Castilla se ha tenido legislación al respecto, y a lo largo de decenios, se ha ido modificando, algunas veces por consenso y otras por imposición gubernamental, y casi siempre siguiendo recetas de países parecidos al nuestro, con los mismos problemas estructurales, por lo que los resultados no han sido los más halagüeños.

Al margen de esto, muy pocas veces se ha ido al fondo del asunto, y la mayoría de las veces las reformas sólo han servido para poner como punto de agenda el aspecto remunerativo, obviando de forma escandalosa la discusión y adopción de mejores herramientas para elevar el nivel académico, modernizar los métodos de aprendizaje,  e impedir el abusivo lucro de los consorcios (que a cambio de un logo prestigioso en los certificados ofrecen en verdad muy poco), y de editoriales mercantilistas asociadas a ellos, que ven en los estudiantes sólo clientes para sus costosos libros.

¿Cuando se ha dado realmente en el país, y vamos, en América Latina, un debate equilibrado y conciliador entre todas las partes involucradas para definir la clase de educación o el sistema educativo que queremos para nuestros hijos? ¿Se ha establecido si pretendemos una formación humanista o científica, o se ha evaluado si el adiestramiento que reciben los escolares en los colegios en verdad los preparan para ganarse la vida y triunfar en la profesión que escojan? ¿Es la educación un derecho ciudadano elemental y no solo letra muerta en las Constituciones, o un mero servicio público que por obligación legal debe atender el Estado aunque no sepa cómo ni porqué se le debe asignar tal o cual cantidad de recursos del Presupuesto Público?.

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El problema es estructural, y como señalara líneas arriba, no sólo peruano. Gracias a un enriquecedor intercambio de opiniones con la Secretaria General del español Partido Demócrata Social Autonomista, Gemma Gerez, sobre este y otros temas, pude apreciar el film “La Educación Prohibida”, recientemente estrenado en España, y que a modo de documental explora la real situación de la educación en América Latina, con esclarecedoras entrevistas a especialistas en el tema de diversos países hispanoamericanos. 

La conclusión es aberrante y demoledora: Desde hace casi dos centurias tenemos en esta parte del mundo un sistema educativo que mata las capacidades, privilegia la competencia sin mayores objetivos, y consolida a las élites que lo promueven para que sigan “formando” y “educando” personas sin mayores criterios, que crecen pensando que antes que aprender efectivamente, lo más importante es la calificación que se obtenga en los exámenes.

La cinta cuestiona duramente el modelo de escolaridad que se aplica en América Latina. Fue realizada por jovenes estudiantes y nos muestra la visión de quienes están del lado opuesto, es decir hacia quienes va dirigido el sistema, o sea aquellos que esperan aprender asistiendo a las escuelas y universidades. Un verdadero fenómeno que ya causaba interesantes debates en las redes sociales aún antes de su estreno. Para Gemma Gerez, tenemos “una educación de grifo” y hay quienes abren y cierran el mismo de acuerdo a su conveniencia, lo que causa desánimo en los jovenes, deserción por la lectura o el esfuerzo de aprender, ya que les son impuestos métodos que poco tienen en común con ellos en un mundo que avanza día a día en todos los niveles, menos en aquel que tiene que ver con los jóvenes y su preparación para la vida.

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Es precisa una revisión honesta de los currículos, incidiendo en competencias importantes para la vida actual, del siglo XXI, involucrando los nuevos sistemas de transmisión de la información, a la vez que se fortaleciendo también la educación de los adultos, pues deben estar preparados para afrontar el siempre presente reto de apoyar a los niños y jovenes en el desarrollo de sus obligaciones escolares.

La especialista en el tema, Consuelo Velaz de Medrano Ureta, considera que las deudas externas impagables de varios países de América Latina son las que generan a la poca inversión en educación pública o formación de calidad. Propone un canje de deuda por educación, que redundaría, según ella, en beneficioso para todos. Y que los gobiernos pongan énfasis en la igualdad de género (hay países donde se privilegia la educación en los niños varones, marginando a las niñas), los refugiados o desplazados por conflictos, así como en las minorías raciales, étnicas y culturales. Según el valioso estudio que publicó para la Fundación Carolina en el año 2005, existen (existían en aquel año) en América Latina y el Caribe, un estimado de 2 millones de niños sin escolarizar.

Si bien los niveles de acceso a la escolaridad han aumentado en los últimos años, y nos acercamos a la anhelada universalidad educativa (con 9 de cada 10 personas que han concluido sus estudios primarios y secundarios entre los quince y los diecinueve años de edad, por ejemplo en Cuba o Chile), no es menos cierto que en varios países centroamericanos o andinos, hay grandes tasas de analfabetismo, existen seculares mecanismos de exclusión que deben ser erradicados, y el hecho que haya niños y jóvenes en las escuelas no garantiza un aprendizaje de calidad.

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Valdría la pena que nuestras autoridades y expertos en el tema le dieran una mirada a la película que mencionamos. Estoy seguro que cambiarían drásticamente de modo de pensar, y quizás se abra una luz de esperanza para el futuro de la educación de nuestros hijos. El capital humano es sumamente importante, y los niños y jóvenes de un país lo son. Con el aporte de ellos, bien formados gracias a una educación de calidad, podríamos tener naciones que en verdad se sientan orgullosas no sólo de su crecimiento económico. Les dejo el enlace, por si tienen tiempo de verla:  http://youtu.be/-1Y9OqSJKCc

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