Humala: Un Año de su Gran Transformación

El balance que nos deja el primer año del gobierno de Ollanta Humala es realmente tan ambiguo como su proceder ante las subsecuentes crisis que ha debido afrontar a lo largo de los último doce meses. Si bien en el plano económico es posible mostrar resultados positivos, pues el crecimiento (con algunas desaceleraciones iniciales) se ha mantenido, y supo paliar las dudas y rechazos que en un primer momento su asunción al poder generaron en los agentes económicos; no es menos cierto que la conflicitividad social que se vive en muchos sectores del interior del país, que un año antes eran sus bastiones más fuertes, le han pasado la factura a su régimen, que ha tenido que presentar tres Gabinetes en menos de un año.

Y es cierto, la política económica y monetaria implementada por el Ministro Castilla ha sido efectiva, y se ha hecho sostenible al punto que nuestro país mantiene un interesante liderazgo en aspectos de crecimiento en América Latina.  Sin embargo, políticamente, le ha costado a Humala la diáspora de muchos de sus socios iniciales, especialmente de las canteras izquierdistas, para quienes el modelo sigue siendo tan neoliberal como en los gobiernos de Fujimori y Toledo, y que consideran que la Gran Transformación prometida por su ex-líder sólo ha sido evidente en él, y que ha olvidado y traicionado a quienes lo eligieron esperando un gran cambio en las estructuras de poder del país, y en el tema de la redistribución de la riqueza.

Hay otros temas que, sin embargo, alcanzaron más notoriedad durante el año que se cumple este 28 de julio, y que su mediatismo significaron no pocos dolores de cabeza para el gobierno. La permanente postura de su díscolo hermano Antauro, apoyado por sus padres y demás familiares, ha sido una bomba de tiempo consuetudinaria, y ha desnudado muchas de las cosas que ocurren en el Instituto Nacional Penitenciario. La evidencia de que su Vicepresidente Omar Chehade estuvo comprometido en tráfico de influencias también lo golpeó, mucho más que los anecdóticos casos de congresistas huachafos y angurrientos, o la pertinaz ojeriza del presidente del Congreso, Daniel Abugattás, a todos los que no piensen como él. La excesiva exposición de la Primera Dama, Nadine Heredia, fue otro motivo de burlas y desgaste.

Pero lo peor de todo, sin duda, ha sido el accionar timorato en unos casos (cuando se trata del narcoterrorismo) y abusivo en otros (al tratarse de líderes de protestas regionales), de las fuerzas del orden, lideradas por Oscar Valdés y el asesor Villafuerte, en los casos de Espinar y Conga, que han dejado un lamentable saldo de muertos por conflictos sociales, comparable al que tuvo el gobierno de su socio Alejandro Toledo en sus 5 años.

Se espera que el nuevo premier, Juan Jimenez Mayor, sea más dialogante que su antecesor, aunque en el caso del Parlamento no hay muchas esperanzas de que Victor Ysla haga un mejor papel que Abugattás, lo que ya es decir mucho. Las fisuras al interior del Partido Nacionalista y los asociados que llevaron a Gana Perú al gobierno, son más que evidentes, y suman ya más de media docena los legisladores que se han apartado de sus filas o están en proceso de hacerlo.

La lucha contra la corrupción ha experimentado algunos avances, más por trabajo de las Fiscalías y Juzgados que tienen a su cargo las acusaciones y búsqueda de reparaciones, que por política propia del Ejecutivo y el Legislativo, que han dejado dormir el sueño de los justos una serie de iniciativas que fueron promesa de campaña por parte de ellos mismos. En el caso de la inseguridad ciudadana, una reciente encuesta señala que que el 48% de la población desaprueba el accionar del estado en este aspecto. Tanto en este tema, como en la lucha antiterrorista en el VRAE, se evidencia que el gobierno de Humala no tiene un plan de desarrollo que implementar, y esa imagen se refleja por sus ausencias cada vez que estalla un conflicto.

Hay quienes han saludado su “transformación”, y entre ellos se cuentan quienes no votaron por él, mientras que otros consideran que es sólo una pose burguesa y acomodaticia, ya que sostienen que “si hubiera perdido las elecciones ante Keiko Fujimori, sería el primero en estar del brazo de Gregorio Santos y el padre Arana, encabezando las luchas antimineras”. Habrá que esperar al 28 de julio para escuchar el mensaje y el rumbo que se imprimirá al país durante el segundo año de su mandato.

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