Antauro: la piedra en el zapato

Con los tropezones esperados debido a la falta de experiencia y a la ambivalente actitud que siempre han mostrado muchos de sus iniciales compañeros de ruta hacia la Presidencia, el Jefe de Estado, Ollanta Humala, pasó los primeros seis meses de su gestión con un importante nivel de aprobación ciudadana, y logró capturar la confianza de los empresarios, inversionistas, la población y hasta sus adversarios políticos, encaminando al país por el camino que ha significado desarrollo, progreso e inclusión. Falta mucho es cierto, pero las señales dadas por los dos Gabinetes del presente gobierno, auguraban un ciclo tranquilo, sin sobresaltos y con el objetivo puesto en dejar una nación más ordenada y justa a su sucesor en el 2016.

Superado el impasse por la ineficaz gestión de Mocha García Naranjo al frente del Ministerio de la Mujer, aquietadas las aguas por el momento del tema Conga, quitado de en medio el vicepresidente Omar Chehade por sus non sanctas reuniones, los flancos débiles del mandatario han sido en las últimas semanas su Presidente del Congreso, Daniel Abugattas, a quien todos conocen por su terquedad e intransigencia, quien pretendió crear una supra autoridad paralela a los Ministerios con los llamados “gestores”; y el hermano del Presidente, Antauro Humala, que hace lo que quiere en  el reclusorio donde se le ponga tomándose atribuciones que ni el ex Presidente Fujimori sueña con tener.

No hay duda que el patriarca de los Humala, Don Issac, quien es a su vez el jefe del staff de abogados del díscolo protagonista del “andahuaylazo”, tiene una voz tonante en el tema, y que el Presidente de la República no ha podido desmarcarse de su influencia, pese a los buenos oficios que infructuosamente al parecer realizan tanto la primera dama, Nadine Heredia, como el Jefe del Gabinete Ministerial, Oscar Valdés.

El silencio del que hace gala el mandatario cuando la prensa busca sus declaraciones respecto a los evidentes privilegios carcelarios de los que goza su hermano, no hace sino ahondar una crisis de credibilidad que sólo parará cuando se tomen medidas drásticas para sancionar tanto al recluso como a quienes le permiten todas y cada una de sus goyerías.  El propio Isaac Humala afirma que los privilegios de los que goza el enajenado Antauro se deben a que “existe una obligación fraternal”. Increible. ¿La sangre es más importante que la ley?.

Los periodistas cumplimos con nuestro deber de informar, y si bien para algunos medios es más importante lo que pase con Maribel Velarde y las extrañas muertes en que anda envuelta; el triangulo entre Angie Jibaja, su marido y una desubicada aspirante a actriz; o las andanzas de un jugador de la selección con una modelo, lo cierto es que el affaire Antauro puede hacerle mucho daño al país, nó solo porque sienta un nefasto precedente de corrupción sumado al nepotismo, sino porque podría inclinar la balanza, que hasta ahora ha mantenido equilibrada el gobierno, hacia métodos de censura o abuso como los protagonizados por el presidente ecuatoriano Rafael Correa contra los medios de comunicación en su país.

Es la hora de las definiciones para el Presidente Humala. O es el Jefe de Estado de todos los peruanos, o decide que su paso por Palacio de Gobierno es el corolario de un proyecto familiar dañino para la Patria, tan dañino como lo que él mismo criticara durante la campaña electoral, cuando se refería a su contendora Keiko Fujimori, a quien acusaba de pretender la Presidencia para beneficiar con un indulto a su padre, sentenciado y recluido según lo dispuso un tribunal.

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