Examinar las propuestas es la tarea del elector

La segunda vuelta electoral está a apenas poco más de un mes, y con las primeras encuestas o sondeos de opinión respecto de las posibilidades de ambos candidatos, ha quedado más o menos clara también la estrategia que desarrollarán ambas agrupaciones que aspiran a gobernar el país por los próximos cinco años.

Como lo señalara en un artículo anterior, muchos de los que acudimos a sufragar el pasado 10 de abril lo hicimos con la convicción que tanto el fujimorismo que enarbola la hija del ex presidente Fujimori como el nacionalismo que representa el comandante Humala eran dos opciones que entrañaban (y aun entrañan) serios riesgos para la estabilidad democrática, económica, jurídica y social de nuestra patria.

Sin embargo, ahí están ambos. Es un hecho incontrovertible que el grueso del electorado elegirá entre ambas opciones, mientras que un sector preferirá viciar su voto o dejar ambos casilleros sin marcar. Lo que ambos candidatos deben entender es que el hecho de votar por alguno de ellos no significa extenderle un cheque en blanco para que puedan hacer con el país lo que les venga en gana, pues la moderación exhibida en un caso, como el arrepentimiento mostrado por el otro, no parecen haber sido muy convincentes a la luz de las últimas encuestas.

El debate, por tanto, debe centrarse no tanto en los candidatos y la percepción que la población tiene de ellos, es decir sus defectos y/o virtudes, sino en los planes que afirman aplicarán desde el 28 de julio.

En ese sentido, Humala parece haber ganado la iniciativa. Mientras tirios y troyanos de ocupan de su plan de gobierno original, y del remozado que vienen trabajando los nuevos asesores técnicos convocados para tal fin en base a su “Compromiso con el Perú”, del plan del fujimorismo no se conoce ni una línea, expresando los entendidos que en el mismo existe más bien ausencia absoluta del tema referido al respeto a los derechos humanos.

Se han elevado voces a favor y en contra a raiz de propuestas como Pensión 65, Cuna Más, impuesto a las sobreganancias mineras, reordenamiento tributario, y creación de una empresa estatal de telecomunicaciones. Muchas de estas iniciativas pueden ser discutibles, pero lo cierto es que el nacionalismo ha puesto la agenda de la campaña, mientras el fujimorismo apenas ha intentado lavarse la cara a través de su candidata, con un tardío mea culpa respecto de los delitos cometidos durante el régimen de los 90, e incluso ha expresado que gobernará para los más pobres, al estilo Lula, en un afán por desmarcarse de la derecha y acercarse más al centro, y haciendo suyas varias propuestas humalistas. Falta de reflejos y oportunismo, en nuestra opinión.

Lo cierto es que ambas candidaturas se ven afectadas por los pasivos en su contra. Mientras a la candidata fujimorista rodean personas que trabajaron directamente con su padre durante sus 10 años en el gobierno, y algunos de ellos son considerados el “ala dura” que no comulga con pedidos de perdón ni conoce la palabra arrepentimiento, destilando en cuanta tribuna tienen que el gobierno de Alberto Fujimori fue una gesta en bien del país, y cada decisión tomada debe ser  recordada como “una hazaña”, en las filas del humalismo hay una evidente participación de personajes para quienes el estatismo de Velasco y el autoritarismo chavista son soluciones para los graves problemas que afectan al país, desconociendo o no entendiendo que no es rentable para el Estado asumir estas responsabilidades.

Si Humala no revisa estas propuestas, como aquella de readecuar  las concesiones de puertos y aeropuertos con el objeto de hacer que sean operadas por Enapu o Corpac, habrá dado un paso en falso, pues sólo conseguirá que las inversiones en el país se ahuyenten, con el consiguiente descrédito internacional, la baja en el turismo, y su correlato en mayor desocupación y por ende más pobreza. Estas recetas no han surtido efecto ni en Rusia ni en ninguna nación que las adoptara posteriormente.

Los planes de gobierno, si son revisados, mejorados, enriquecidos, son un buen argumento para elegir a un gobernante. Ojo que hablamos de modificaciones en base a la reflexión y a los aportes de independientes no sectarios, y no a maquillajes meramente electoreros que luego no son cumplidos. El país estará alerta. El 49 por ciento que no votará por uno de ellos, y el mismo 51 que si lo haga, merece respeto.

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