Votar por Humala o Keiko no es darle cheque en blanco al ganador

Como diría el personaje creado por Roberto “Chespirito” Gómez Bolaños, denominado “El Chapulin Colorado”: ¿Y ahora, quien podrá defendernos?. Fuera de bromas, el pasado domingo 10 de abril, el pueblo peruano ha hablado. Para quienes piensan que el electorado peruano es estúpido, ignorante y sólo una manada de borregos que va al sitio que se le asigne, la verdadera lectura y lección de los comicios presidenciales en nuestro país, es que caló más hondo el mensaje de un cambio en las estructuras que tienen que ver con una más justa redistribución de la riqueza, en vez de los anodinos discursos acerca de que hay que mantener el statu quo porque de lo contrario estaríamos dando “un salto al vacío”.

Sin embargo, ahora la mitad del Perú está celebrando el pase a segunda vuelta de dos de los movimientos que al inicio de la campaña iban muy abajo en las encuestas, mientras que la otra se encuentra aún sumida en un sorprendido marasmo al ver cómo los dos principales candidatos a inicio de año se desplomaban, y la arremetida de la alternativa que encarnaba PPK no fue suficiente para que llegara al partidor del próximo mes de junio y enfrentara los miedos que tanto Gana Perú, de Ollanta Humala, y Fuerza 2011, de Keiko Fujimori, despiertan en una gran parte del electorado.

Responsables de esta debacle de las llamadas fuerzas democráticas hay muchos, y si bien no es elegante llorar sobre la leche derramada, sí es necesario señalar con nombre propio a los causantes de que ahora la mitad de los peruanos tengamos que elegir entre dos opciones que no nos gustaban al inicio del proceso electoral.

LA DESCOMPOSICION DEL APRA

El primer responsable es, desde luego, el gobierno del Presidente Alan García, que no supo imprimir en su régimen acciones concretas para llevar a cabo el mentado “cambio responsable” con el que se presentó a las elecciones pasadas, y que fuera el slogan que le permitiera vencer a Humala, que por ese entonces ahuyentaba a un gran sector de la población, debido a sus incendiarios y radicales discursos ultranacionalistas y su acercamiento al impresentable en democracia líder bolivariano Hugo Chávez, como bien lo señala en su radiografía del líder de Gana Perú y su espléndido análisis de las elecciones del domingo , mi colega y amigo, el periodista mexicano José Luis Castillejos.

El Partido Aprista, que debió ser el soporte político del régimen, se desmoronó al caer en una serie de luchas intestinas entre sus principales líderes para determinar quién se alzaba con el control de la hasta ahora eficiente maquinaria creada por Haya de la Torre. El triste papel que le cupo en esta debacle al secretario general del APRA, Jorge del Castillo, será analizada por la historia cuando las cosas se enfríen, y de seguro él mismo tendrá que realizar un balance introspectivo ahora que tendrá 5 años para hacerlo, gracias al pueblo que ha decidido mandarlo a descansar a su casa y no cargarlo nuevamente con la responsabilidad de representarlo en el próximo Congreso.

Baste recordar nomás su desesperación para ser cabeza de lista parlamentaria y así no perder la inmunidad que le otorga el ser congresista, para no tener que enfrentar el juicio que seguro se le viene por los petroaudios, y cómo torpedeó la candidatura presidencial de Mercedes Araoz, burlándose incluso de las venerables recomendaciones del líder histórico de su partido, Armando Villanueva del Campo; hasta su última patinada, buscando un acercamiento con el líder de Perú Posible, Alejandro Toledo, cuando no era un secreto que dentro del APRA había un sector que prefería pasar a apoyar a PPK tras el desinflamiento de Luis Castañeda, mientras un grueso grupo de descontentos militantes apostara incluso por Ollanta Humala.

TOLEDO SALTÓ AL VACÍO Y CASTAÑEDA DEFRAUDÓ

Otro responsable de lo que pasó el domingo es el propio Toledo. Se fue en picada porque creyó que Alan García era candidato y se dedicó a atacarlo pensando que así ganaba puntos (y luego, en la última semana rogaba los votos apristas). Además su confusa declaración respecto a una eventual legalización del aborto y el consumo de drogas durante el próximo régimen, para luego negarla, hizo que el propio Cardenal Cipriani lo combatiera. Más adelante, el negarse al exámen toxicológico que le exigían sus contendores, aduciendo que un ex Jefe de Estado no se prestaba a ridiculeces, para aparecer en el primer debate presidencial con un supuesto resultado a destiempo de la prueba que dijo que no se haría; y sus ataques a su ex Primer Ministro, Pedro Pablo Kuczynski, cuando éste apenas bordeaba el 4% de aceptación en las encuestas, terminaron por lapidarlo.

Si alguien debe estar arrepintiéndose para toda la vida de haber participado en esta contienda y haber sumado error tras error es el ex Alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio. Enfocó su campaña como si estuviera tentando una reelección  al frente de la comuna capitalina, y hasta en sus viajes al interior se jactaba de las escaleritas amarillas, el Metropolitano y alguna que otra obra eminentemente limeña, como si a los pobladores de los rincones más alejados del país les interesara eso. Esto, sumado al papelón que hizo cuando pretendió hacer creer que la vicealcaldesa de Quito que estaba de paso por Lima era “una vieja amiga” y “su amuleto”; al demoledor informe de la alcaldesa Susana Villarán sobre una serie de irregularidades en el manejo de la alcaldía limeña; y a que no aceptara dejar la carrera presidencial cuando era a todas luces evidente que no pasaría del 11%, pues estaba convencido que le ganaba a todos sus contendores en segunda vuelta (como si la primera no existiera) fueron su Waterloo.

De buena fuente se sabe que emisarios de Lourdes Flores Nano, su socia en la anterior campaña presidencial, lo sondearon para ofrecerle el Premierato durante el primer año de un eventual gobierno de PPK, si renunciaba días antes de los comicios y pedía a su militancia y seguidores votar por el mapa que antes fuera su símbolo en las cédulas de sufragio. Pero primó la angurria de un grupo de sus colaboradores, candidatos al Congreso, que veían peligrar su curul si esto ocurría, y aunque casi cede a la tentación, se dejó presionar por sus ayayeros y perdió la oportunidad de ser el héroe que se inmolara en nombre de la democracia en estos extraños comicios.

Que duda cabe, también tienen su cuota de responsabilidad las empresas encuestadoras, de las que ya me he ocupado con amplitud en artículos anteriores (ver archivo) y muchos conductores de medios de comunicación (escritos, radiales y televisivos) que satanizaron hasta el hartazgo a Humala y Keiko Fujimori, convirtiéndolos en víctimas del sistema que dicen defender, así que ahora tendrán que reflexionar sobre su papel cómo líderes de opinión (La Semana Santa será una buena oportunidad para hacerlo, estimados colegas).

LA AGENDA DE LA SEGUNDA VUELTA

Lo cierto es que el país ha expresado su opinión, nos guste o no. El resultado de las elecciones presidenciales no es sino un llamado de atención a quienes gobernaron los últimos 20 años de espaldas a la gente de menos recursos, que no vió los beneficios del crecimiento económico del que hoy se jactan los ex gobernantes (incluyendo al actual, que dejará Palacio el próximo 28 de julio) y sus ad lateres. La enorme desigualdad y la falta de oportunidades que se vive en las provincias más alejadas de la sierra del país, e incluso en los llamados asentamientos humanos de la gran Lima, son facturas pendientes que tienen quienes de una u otra manera han ejercido el poder, sea desde el Ejecutivo, el Congreso o los Gobiernos Regionales y Municipales, y que para esta campaña no aprendieron la lección y volvieron a los discursos populistas, que ha quedado demostrado ya no son efectivos.

¿Que tendrían que hacer los dos candidatos que se enfrentarán en segunda vuelta el próximo mes de junio para que la mitad del país que no votó por ellos les crea?

En primer lugar, Ollanta Humala deberá comprometerse a no seguir el modelo autoritario y de permanencia indefinida en el poder que ejecuta en Venezuela el comandante Hugo Chávez, a quien hasta hace poco decía admirar. Su anuncio de gobernar sólo 5 años y entregar la banda presidencial a su legítimo sucesor elegido en elecciones limpias en abril del 2016, debe ser escrupulosamente respetado, y para ello debe dar señales desde el primer día de un eventual gobierno suyo, de que ha aprendido los modales democráticos, que incluyen un irrestricto respeto a los derechos fundamentales de la persona, entre los cuales está no sólo el no ejercer violencia de Estado ni persecusiones en contra de los opositores, sino también ser tolerante con la libertad de expresión e información así no le guste lo que se publique de su manera de gobernar.

Asimismo, deberá continuar con la política económica, y si puede darle un rostro social, mucho mejor. Redistribuir la riqueza para que los que menos tienen accedan sin necesidad de asistencialismo barato a los servicios básicos de salud, educación, agua, luz y desague, así como a oportunidades de empleo, debe ser una prioridad, junto a la mano dura contra la delincuencia y toda forma de corrupción desde las instituciones del Estado. Deberá dar muestras de que respeta el libre mercado. Podría aceptarse una rebaja de los impuestos, una elevación de los salarios y alguna forma de regulación de las tarifas públicas, pero poco más. Las inversiones en el país, el ahorro interno y el turismo se ahuyentarían si hay signos de un papel demasiado fuerte del Estado en temas en los que no debe intervenir.

Se habla de conversaciones entre el nacionalismo y Perú Posible, algunos sectores del APRA, y personalidades como Beatriz Merino para presentar al país un eventual gobierno democrático no sólo en la forma, sino también en el fondo. Esto es saludable, y ojalá no sea sólo un  intento de lavarse la cara antes de la fiesta para una vez en ella comportarse como un patán y tumbársela debido a una borrachera de angurria por el poder.

En lo que respecta al fujimorismo, el país espera no sólo que le recuerde lo bueno que hizo su líder, hoy encarcelado, en temas como combate a la inflación y lucha contra el terrorismo, sino también un sincero mea culpa por lo que significó el gobierno más corrupto de la historia nacional. Si bien en los últimos días de campaña por la primera vuelta tanto Keiko Fujimori como algunos de sus seguidores han tratado de convencer al electorado que un nuevo 5 de abril del 92 “es irrepetible”, todavía hay muchas voces al interior de esa agrupación que consideran ese quiebre institucional una gran hazaña de su líder, y se vuelven ciegos y sordos (además de violentamente prepotentes) cuando se les expresa que fue el caldo de cultivo para que Montesinos se hiciera con gran parte del poder que se le delegara, y corrompiera a todas las instituciones del país, comprando conciencias, votos, sentencias y líneas editoriales, en aras de una política de reelección indefinida para seguir disfrutando de una serie de prebendas gubernamentales, muchas de las cuales eran ilegales y hasta criminales a todas luces.

Keiko Fujimori deberá firmar también que respetará las reglas del juego democrático y no pateará el tablero como su progenitor, aún cuando la bancada de Gana Perú (que será la más nutrida en el Congreso) obstaculice su eventual régimen. Hay que recordar que ese fue uno de los pretextos usados por su padre para cerrar el Congreso, en el que había senadores y diputados de probada trayectoria democrática, que le hicieran un llamado de atención al no aprobarle un Presupuesto General de la República en 1991 por considerarlo falto de sustento técnico. Asimismo, deberá ser convincente en que será implacable en la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, la delincuencia y las violaciones de derechos humanos, motivo por el cual tendría que respetar las sentencias ejecutadas en contra de su propio padre, Montesinos y los muchos otros colaboradores del régimen de los 90 que aún purgan penas.

Estos son sólo algunos puntos. Las cosas se irán decantando conforme pasen los días y nos acerquemos a la fecha de la segunda vuelta electoral. Ambos candidatos deberán despojarse de soberbia sea quien sea que gane, pues el país no extenderá un cheque en blanco esta vez. La mitad de la Nación irá a votar por una de las dos opciones sólo porque está obligada a hacerlo. Nunca antes el país ha estado ante esta difícil disyuntiva. Quizás hoy más que nunca sea tan apropiado recordar a un ex Primer Ministro del fujimorismo, Juan Carlos Hurtado Miller, cuando tras anunciar el demoledor shock económico que llevó a un pan a costar 25 mil intis, dijo casi con lágrimas en los ojos: “Que Dios nos ayude”.

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2 comentarios en “Votar por Humala o Keiko no es darle cheque en blanco al ganador

  1. FALTO DIRIGENCIA, FALTO LIDERAZGO, ENCAMINAR OPINIÓN. ACERCA DE UNA DERECHA QUE SIEMPRE SE MUESTRA CANDIDA FRENTE A LOS RADICALES E INEXPRESIVA CON LOS MAS NECESITADOS.

    Es una tremenda falacia decir que la mayoria de los peruanos queriamos esta situacion o que “las mayorias eligieron” ERROR… El 42 por ciento del electorado no voto por ninguno de estos dos esperpentos de la politica peruana… que sucedio realmente. La incpacidad de consolidar alianzas politicas, malos asesores de campaña y primacia de los intereses personales de la clase politica,para convencer al l electorado de clase A, B y parte del C… los cuels se repartieron inutilmente los votos en tres candidatos que tenian iguales similitudes…

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